Zona de Confort

Una vida resuelta

el
junio 10, 2020

Un día como todos, Dany se despertó temprano, con mal humor y sin muchas ganas de levantarse para cumplir con sus labores del día. Se metió a bañar con desgano, se vistió con la ropa que un día anterior había preparado y salió a su trabajo. En el camino compró cualquier cosa para desayunar, pues ya se le hacía tarde.

Como siempre, el transporte estaba lleno: el metro saturado de personas, los camiones rebosantes de gente y el tráfico obstruido. Cualquier vía que eligiese ese día daría el mismo resultado; llegaría tarde por lo que terminaría por estresarse debido al tumulto de gente y acabaría con ansiedad por llegar con retraso.

Con quince minutos de retraso, pero ¡por fin llegó al trabajo! Entró a la oficina y pudo cerciorarse de que su jefe no había llegado, por lo que saludó a sus compañeros, se sentó en su escritorio y prendió su computadora. Había que ponerse al corriente con los pendientes del proyecto que debía terminar, responder varios emails y hacer llamadas. Ese día había mucho por hacer, sin embargo, terminaría temprano, pues era viernes y quincena (y el cuerpo lo sabe); así que puso manos a la obra con mucho entusiasmo, pues en la tarde saldría con sus amigos a algún bar donde estarían disfrutando de la convivencia hasta que el cuerpo aguante.

A las 4 de la mañana llegó a su casa con mucho sueño, se fue directo a su recámara, se desvistió y se recostó sobre su cama quedando en un profundo sueño hasta el día siguiente. En la mañana se despertó al oír el timbre del teléfono, era su pareja que le hablaba para ponerse de acuerdo sobre qué harían ese día. Todos los fines de semana estaban juntos, a veces desde el viernes; únicamente se separaban entre semana debido a las diversas actividades de cada uno. Los sábados salían a algún lugar y los domingos desayunaban con los padres de uno y comían con los padres del otro, así mantenían una relación bastante estable y comprometida con las familias de ambos.

Un mes después…

Dany se despertó tarde. Han sido unos días bastante reconfortantes, pues desde el lunes lo mandaron a descansar a casa debido a la cuarentena. En las noticias se ha reportado sobre un virus que está afectando a la gente y generando muchas muertes. Nadie sabe cómo enfrentarlo con medicamentos, sin embargo, se conocen datos sobre su propagación. La mayoría de los científicos concuerdan con que el confinamiento es la mejor vía para salvaguardar a la gente, en lo que se encuentra una cura. Pues de esa manera se evita el contacto entre las personas y, por ende, disminuirán los contagios. Es por ello que se opta por cerrar los centros recreativos, las escuelas y muchas empresas. Por alguna razón, muchas personas piensan que este problema durará poco, un mes cuando mucho. Las opiniones de las personas se dividen en dos: los que dicen que hay que tomar ese encierro con calma y los que caen en pánico. Los centros comerciales se abarrotan y la gente compra todo para subsistir ese mes, hasta agotar las provisiones. Dany fue de las personas que compró todo para un mes, pero no porque estallara en pánico, ni por miedo a contagiarse, sino porque no quería preocuparse por conseguir comida ni despensa durante ese tiempo. Quería una vida tranquila y disfrutar de todo ese tiempo de descanso que bastante falta le hacía. La empresa en la que trabaja mantendría a sus trabajadores, así que seguiría recibiendo sus ingresos, sin las presiones que le genera el trabajo. Llegó a acuerdos con su pareja y familia, por lo que habían optado por verse hasta que terminara la cuarentena. Sus preocupaciones consistirían en preparar sus alimentos, hablar por teléfono con sus seres queridos, decidir cuál serie quería ver, hacer la limpieza de la casa, liberar algunos pendientes personales que tenía atrasados de hace mucho tiempo y no aburrirse; con la esperanza de que todo pase pronto.

Con el pasar de los días… el número de contagiados se incrementa, así como el número de muertes. Los hospitales cada vez están más llenos y se pide a la población que incrementen medidas, pues no hay lugar para atender a todos los contagiados. Los científicos siguen trabajando arduamente, pero no encuentran una cura. Las estadísticas cada día son peores respecto al día anterior. La gente empieza a desesperarse ante la situación y surgen grupos con ideas muy diversas: desde los que creen que se ocultan las cifras y aseveran que hay muchos más muertos y enfermos de los que se reportan, hasta los que creen que todo esto es generado por grupos de poder cuyo único fin es controlar a la población mundial y apoderarse de su economía. Por otro lado, los noticieros hablan de una crisis económica en todo el mundo y de la inseguridad que acecha a la población. En este marco, el gobierno determina que la cuarentena no terminará en un mes, sino que se va a prolongar hasta una nueva fecha.

Por su parte Dany ya se hartó de las series, de su casa, del descanso y de su vida monótona. Aquellas cosas que antes le daban placer, ahora le parecen fastidiosas, incluyendo su comida favorita. Intentó liberar sus pendientes, sin embargo, no tiene ánimos para hacerlo ni ganas de disciplinarse. La casa ya la escombró varias veces y le cambió la disposición de los muebles, pero se sigue sintiendo encerrado. Tiene mucho tiempo que no convive de manera cercana con nadie, ya que había acordado no ver a su pareja ni a su familia. Por otro lado, ya no importa si es viernes, pues no puede salir con sus amigos, en vista de que no hay ningún lugar abierto. Por otro lado, el virus cada vez está más cerca, pues se enteró que uno de sus vecinos se contagió y falleció hace unos días; por lo que tiene miedo de adquirir el virus y contagiar a alguien.

Afortunadamente hay una buena noticia, le llamaron de la empresa en la que trabaja y le comentaron que es necesario implementar nuevas formas de trabajo. Debe prepararse para realizar su trabajo a distancia, con el fin de reactivar la economía de la empresa ya que, de no hacerlo, esta se puede ir a la quiebra.

Hoy…

Dany se despertó temprano. Decidió meterse a bañar y arreglarse como si fuese a ir a la oficina ya que se debe estar presentable, aunque se trabaje desde casa. Fue a la cocina por un café y algo de desayunar. Finalmente se instaló en el comedor, prendió la computadora, ingresó a la plataforma del trabajo y metió sus datos de usuario y contraseña para enlazarse con los compañeros del trabajo. Está preparado para un nuevo día de esta nueva rutina. Ya lleva varias semanas trabajando a distancia para cumplir con los proyectos que se le han pedido. Se ha esforzado mucho, ya que tuvo que aprender a adaptarse a la plataforma, por lo que tomó cursos aledaños que le diesen competencias en manejo de videollamadas, grabaciones, edición de videos y diseño de trabajo en equipo; es decir, todos los fundamentos del teletrabajo. El trabajo es mucho más cómodo, pues no pierde tiempo en transportarse ni tiene estrés por el tráfico, por lo que sólo tiene que enfocarse en cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, a pesar de las comodidades hogareñas, el trabajo ha sido sumamente difícil y frustrante ya que no ha rendido los frutos esperados. Muchos de los empleados de la compañía han tenido fallas con la conexión a Internet, por lo que el trabajo colaborativo se interrumpe por momentos; además de que otros compañeros no pueden acoplarse a la nueva forma de trabajar, situación que afecta al desempeño del equipo de Dany. Por otro lado, la empresa está teniendo pérdidas, pues no han tenido las mismas ventas, por lo que quizás tengan que recortar personal. A pesar de los esfuerzos de los directivos por mantener la empresa, todo ha sido un caos.

La plataforma marca error y Dany vuelve a ingresar su nombre de usuario y contraseña. Lleva varias semanas encerrado durante 24 horas en ese espacio que cada vez le parece más pequeño, al cual llama hogar. Tiene una profunda soledad ya que no está con nadie y su único contacto con las personas es a través de las redes y cuando sale a comprar víveres. Sin embargo, decide ser paciente y soportar el final de la pandemia. Ha aprendido a ser fuerte a pesar de la incertidumbre.

La plataforma vuelve a marcar error, Dany toma su celular y marca a su jefe para comentar la anomalía que tiene y recibe la noticia: la compañía no puede sostener el proyecto, por lo que ha decidido despedir a su equipo.  

Hoy Dany no tiene trabajo, tiene comida para unos días, una familia a la que no puede ver y una pareja que lo quiere. Está con la incertidumbre de haberse contagiado con el virus, pues había visto a su vecino unos días antes al salir por las compras. Recuerda cómo hace unos meses tenía una vida tan segura, que hasta le aburría. ¿Ahora qué queda por hacer?

Hay un dicho popular que señala “nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido” y, al parecer, tiene razón. Uno se acostumbra a todo, a despertar en una cama cómoda, bañarse con agua caliente, tener comida cuando se requiera, ir a la escuela o al trabajo, salir con los amigos y resguardarse bajo un techo seguro. Cuando las cosas son novedosas, nos impactan y estimulan, de manera que nos vemos realizados con ellas, por ejemplo, uno se alegra cuando tiene una computadora o celular nuevo, lo analiza hasta conocer la mayoría de las funciones necesarias y se utiliza para todo lo que uno quiera… hasta que se convierte en algo cotidiano. Cuando se pierde la novedad, se pierde el interés… y llega un momento en que uno hasta se puede fastidiar. Esto es algo normal en los seres humanos, pues lo cotidiano se vuelve habitual y, por lo tanto, irracional. De ahí que ya no lo vemos, ni lo disfrutamos igual. Si uno cubre sus necesidades básicas, siempre surgirán otras nuevas y eso está bien, pues es parte del crecimiento y evolución. Sin embargo, también es necesario valorar lo que se tiene y buscar incrementarlo a algo más o, mejor dicho, a algo que nos llene a pesar de las dificultades.

Con la pandemia generada por el Covid-19 se ha resaltado una verdad muy cruda, y es que la vida es una constante incertidumbre. Nunca se sabe cuándo alguien puede morir, o cuando se puede perder el trabajo, aunque es algo que se sabe que puede ocurrir. Sin embargo, ahora convivimos con esos pensamientos día a día. De alguna manera, gran parte de los seres humanos que vivimos en las ciudades, estamos en una zona de confort, en la cual nos hemos establecido confiando en que así era la vida. Nos habíamos acostumbrado a una “realidad ficticia, donde no todos los que tenían la posibilidad de esforzarse lo hacían. Es por ello que la zona de confort es una burbuja engañosa, que envuelve a la gente a creer que vive en una realidad que no solo impide que uno tenga una vida extraordinaria y verdaderamente significativa, sino que lo adormece a vivir una cotidianidad insatisfactoria. De ahí que no sólo se trata de generar una vida estable, sino una vida satisfactoria. De manera que, a pesar de las adversidades y comodidades, uno pueda disfrutarla a cada momento. Pues, lo único seguro es que en la vida no existe nada seguro.

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