Zona de Confort

Postergando la vida

el
junio 19, 2019

Alguna vez escuché a alguien hablar sobre los choques de conciencia, los cuales definía como actos o situaciones que te hacen que tengas un conocimiento de tus actos. Generalmente estos choques lo confrontan a uno consigo mismo, de tal manera que uno se asombra y a veces se abruma, pues hacen que uno se dé cuenta de que no se es víctima de las circunstancias, sino que a menudo uno solo vive las consecuencias de sus actos.

La semana pasada escribí sobre el libro “Tus Zonas erróneas” de Wayne W. Dyer, donde presenté varios puntos que él expone para ayudarnos a responsabilizarnos de todo aquello que hacemos (o dejamos de hacer). Sin embargo, he de confesar que hubo un capítulo que para mí fue como una bofetada, con gancho al hígado y patadas a la Wagner (nombre de un golpe en la Lucha Libre); el capítulo es “Terminando con las postergaciones ahora mismo”, por lo que he decidido hacer esta confesión.

Yo era una postergadora profesional y lo apliqué en todos los aspectos de mi vida. No había algo que supiese hacer mejor que postergar… Postergué cosas pequeñas como la dieta, los exámenes de danza, el ingresar a la escuela de actuación. Retrasé situaciones personales como poner un alto a amigos que sólo me buscaban para solucionar sus problemas, a conocer gente nueva y a solucionar problemas dentro de mis relaciones personales. Aplacé males necesarios como el hacer tareas, acabar cursos de la universidad, terminar mi tesis. Y, lo más triste, pospuse mis objetivos de vida como encontrar un trabajo estable, montar la empresa que siempre he querido y de la cual a todos he hablado. Incluso esta página fue pospuesta desde que fue ideada por ahí del octubre de 2016.

Tengo gran destreza en el uso de la herramienta postergatoria por excelencia: la justificación. Y es que razones para retrasarme en todo nunca me faltaron. A veces me daba miedo el solucionar problemas, pues existía riesgo a perder lo que tenía en ese momento y no tenía certeza de obtener algo mejor. Otras veces me daba pereza tener que esforzarme por aquello que quería, pues el trabajo era mucho y seguramente fracasaría ya que nunca estaba lista, además de que siempre me faltaba mayor preparación. También rechazaba tener que enfrentarme a situaciones que no quería vivir porque me exigían salir de mi zona de confort y actuar de maneras que yo insistía en que no iban conmigo

Afortunadamente soy una persona a la que le gusta probar cosas nuevas y eso me ha permitido avanzar; por eso mi vida ha tenido diversos cambios y no se ha quedado totalmente estancada en un punto. Sin embargo, aun y con todas esas experiencias, el tiempo fue pasando y me ha cobrado factura por las acciones e inacciones que he cometido y de las que ahora sé que soy totalmente culpable.

Con toda esta postergación como estilo de vida, vinieron unos males que han afectado mi propia autoconcepción: la culpa, la vergüenza y la ansiedad. A menudo me he sentido culpable porque, en el fondo, sé que mis pretextos no eran válidos, sino sólo razones para no tener que hacer las cosas. Mi vergüenza se debe a que muchas veces hice alarde de todo lo que en mi imaginación “hacía”, por lo que cuando alguien me preguntaba sobre algún proyecto, respondía con alguno de mis pretextos, que sabía que en el fondo no eran verdad. Obviamente todo esto no podía generarme más que ansiedad, pues tantos objetivos de los que uno no se hace cargo, pero que sigue manteniendo; más todos los pretextos… no pueden más que quitarle la paz al gran auto-mentiroso en que uno se convierte, porque hay que aceptar que el postergar y poner pretextos no es más que una manera de mentir, sobre todo a sí mismo.

Aclaro que en este texto no hablo de esas acciones que uno deja para después, pero que sabe que si las va a realizar. Aquí hablo de los objetivos que uno pospone de manera indefinida, donde se finge que se hace algo y no se pone fecha de término. El ejemplo más típico es la dieta. Cuántas veces no dice uno: hoy me como este pastel porque el lunes inicio una dieta estricta… sin especificar qué lunes se inicia. Aquí uno simula que ya tiene la mentalidad de hacer algo por su meta (la dieta), por lo que aprovecha y come con el fin de satisfacer el antojo; sin embargo, no es algo que conlleve una intención seria y, a la larga, eso resulta contraproducente.

El mayor problema que hay cuando uno deja algo para después (de manera indefinida), es que no sólo se pospone el gusto por lograr la meta, sino que también se evade la vida. Uno se proyecta hacia el futuro (que algún día ocurrirá), sin cuidar los actos del presente, por lo que nunca se inicia con el primer paso para cumplir sus metas. Como bien dice Dyer, uno espera que “las cosas mejorarán en el futuro”, con la “esperanza de que el problema se solucione solo”: ¿A qué se debe esto? A que los actos, el tener que hacer cosas, nos sitúa en el momento presente y este exige un sacrificio; sobre todo el de desarrollar la propia paciencia, trabajando diario y con incertidumbre, hasta llegar al día en que quizás logremos nuestras metas.

Por otro lado, también es válido reconocer que las metas cambian. Uno no tiene los mismos objetivos que los que tenía cuando era niño. Yo de niña quería ser química, enfermera y bailarina. La danza me gustó y la practiqué sin intención de ser profesional, la enfermería se limitó a aprenderme de memoria un libro de primeros auxilios que mi mamá me hacía leer al revés, con tal de que no le diera lata. Pero la química… mejor ni hablemos del 6 que saqué en mi examen de la preparatoria abierta. De adolescente quería ser corredora de bolsa, organista y artista (sin definir exactamente, porque no tengo idea, qué pensaba yo que era un artista). Corredora de bolsa no fui porque encontré el pretexto perfecto de ser ansiosa e impaciente, entonces eso no iba con mi carácter. Nunca pude ser organista porque se me pasó la edad para ingresar al Conservatorio Nacional de Música (y no tuve la humildad de ver otras opciones) y no fui artista porque nunca puse claras mis ideas respecto al tema y menos exploré qué podría gustarme dentro del arte, además de apreciarlo.

Sin embargo, hay metas que uno mantiene constantes o cuyas variaciones no son realmente significativas. Si uno se anima y cumple esas metas, la propia vida tendría significado, pues de alguna manera dan identidad a quienes somos o se relacionan con acciones que hemos tenido en el pasado. Yo tengo varias que he postergado y que voy a mencionar a continuación.

Tesis. Me encanta estudiar, por lo que he estudiado varias carreras (que sí he terminado y algunas estoy por concluirlas). Sin embargo, no me he titulado de ninguna. Pretextos he puesto miles: que si no he definido bien mi tema de tesis, que si no he cumplido todos los requisitos, que si le temo a los que podrían ser mis sinodales en el examen porque tienen fama de ser muy duros, que si tengo mucho trabajo, que si no siento apoyo moral de mi familia (que es falso, pero así me sentía), que si cuesta mucho titularse y no tengo dinero para pagarlo, etcétera. Tengo muchos años con ese objetivo sin concluir, del cual he vivido las consecuencias. Para empezar, me ha limitado a adquirir un trabajo estable, pues en todos los que he solicitado piden el título de grado; por otro lado, esa es una manera de demostrar el nivel de estudios pues sin él, básicamente estoy con un grado de preparatoria (o highschool para algunos países).

Empresa. Los temas culturales son algo que siempre me ha gustado. Poder ambientarme en otros mundos tanto reales como imaginarios a través de la obra artística, literaria, musical, etcétera, es algo que me llena mucho. Es por ello que he pensado en poner una empresa relacionada con mis gustos. Sin embargo, mis pretextos han sido muchos. Para empezar, ya he tenido varios negocios en los que no me ha ido bien (y que he de reconocer que mi único fin era ganar dinero, así que tampoco era posible que me fuera mejor puesto que no me entregaba a ellos). He tenido miedo al fracaso, pues siento que nunca sé suficiente y nunca lo sabré, por lo que esperar hasta que esté lista es absurdo. No cuento con el dinero para echarlo a andar, pero tampoco he visto la manera de financiarme. Y, el más importante de todos, no había establecido una idea clara sobre lo que quiero hacer, por lo que mi meta no es más que un sueño, cuya única constante es que quiero vivir a través de mi pasión.

Personal. Me gustaría mejorar en lo físico. No me refiero a adelgazar o algo por el estilo. Más bien me refiero a que me gustaría tener un cuerpo más fuerte, más sano, que rinda más físicamente. A lo largo de mi vida he practicado algunas disciplinas físicas: danza (la que más), entrenamiento funcional, natación y zumba. Puedo pasar mucho tiempo admirando a personas que logran hacer cosas maravillosas con su cuerpo, como Johanna Quass (la gimnasta alemana de 94 años) u Olga Kotelko quien, aunque ya no vive, fue considerada una de las mejores atletas del mundo incluso a los 94 años. Aunque no tengo esa edad, para mi son personas impresionantes, pues sus logros se deben a que fueron personas disciplinadas con su vida y resueltas a desarrollarse en el deporte desafiando las leyes del tiempo. Sin embargo, mis pretextos, como siempre, han podido más. Nunca me he atrevido a llegar más allá de cierto punto. El pretexto suele ser la exigencia de la disciplina, el apapacharme demasiado ya que no estoy acostumbrada a tener un orden en mi comida, o el dolor de rodillas. He utilizado cualquier razón para posponer mi objetivo, todo con el fin de no afrontar que me llego a fastidiar mentalmente, algo que es totalmente normal, por lo que debo afrontar y trascender ese hábito.

Mi página web. Para mi poner esta página web me costó mucho trabajo. El plan inició en 2016 y en 2017 me regalaron el dominio (porque hasta eso evadía), escribí dos artículos (que no están publicados) y ahí se mantuvieron, mientras yo tenía una página web vacía. Hubo muchos intentos, muchas vivencias fuertes que, a fin de cuentas, usé como pretexto para no asumir la responsabilidad de tener mi propio espacio web. Lo que puedo decir es que ahora escribo en él, lo hago de manera constante, cada día me preparo más para poder hacer mis publicaciones; todo ello porque decidí asumir mi compromiso de manera real, pues no sólo se trata de escribir. Para mi ha implicado hacer cambios a mi vida, atreverme a exponer situaciones que solía ocultar (como las opiniones de mis libros o el que no he terminado todo lo que quiero), y enfocarme a tener una disciplina incluso en las cosas que me gusta hacer. Me falta arreglar y corregir mucho, sin embargo, puedo aseverar una cosa: el atreverse a asumir las acciones continuas, por muy duras que sean, es algo muy gratificante; con lo que puedo asegurar que este blog me ha devuelto mi vida.

Cabe señalar que hay un tipo de metas que son temporales, como aprender a tejer algunos modelos específicos o algunas figuras de origami, querer explorar algún idioma que posiblemente a uno le interese, etcétera. Yo tengo muchas metas de este tipo y que no he terminado. De ahí que puedo entender que, aunque no sean metas realmente importantes o trascendentales para la propia vida. El dejarlas inconclusas (al menos a mí) me ha dejado sus secuelas; pues al final se suman a la lista de pendientes que uno carga.

¿Qué queda hacer ante tanto aplazamiento? Lo primero es sacudirse la vergüenza, eliminar la culpa, ya que, en este caso, estas emociones son dañinas porque lo frenan a uno. Después hay que asumir que uno fracasó voluntariamente, puesto que fue decisión propia el postergar todo. Después sólo queda elegir una de dos opciones:

1. Desistir en algunos objetivos, ya sea porque no nos gustaban, no nos interesaron lo suficiente o buscábamos hacerlos por complacer a alguien, pero no era algo que quisiéramos hacer.

2. Empezar a realizar las operaciones necesarias para cumplir los objetivos propuestos. No importa si no se sabe lo suficiente, o si uno ya ha fracasado; pues el único fracaso que es válido es aquel que nos deja una enseñanza en relación con aquello que deseamos obtener.

Cualquiera que sea la opción que se elija, es una manera de asumir una responsabilidad sobre nuestra vida y tomar acciones concretas sobre uno mismo.

TAGS

Deja un comentario