Zona de Confort

Lecciones del libro “De la Autoestima al Egoísmo” de Jorge Bucay

el
agosto 7, 2019

A menudo se dice (o al menos a mi me lo han dicho), que la mayoría de los conflictos que uno tiene, así como las vivencias que “aguantamos”, son causados por una baja autoestima y que, debido a esto, no estamos empoderados ni nos damos a respetar con los demás ni con nosotros mismos. Sin embargo, pareciera que muchas personas utilizan este concepto para sostener una superioridad imaginaria, donde se atribuyen el derecho de juzgar a los otros con gran indiferencia y sentenciándolos con una frase como “te pasan malas cosas porque tú lo permites ya que tienes baja autoestima”.

Sin embargo, cuando uno confronta a estas personas, sólo algunas pocas saben dar una respuesta acerca de lo que conlleva tener autoestima y, más aún, sobre cómo poder desarrollarla. Generalmente dan nociones vagas sobre lo que creen que es este concepto, de tal manera que si uno los cuestiona se irritan. Afortunadamente hay libros escritos por expertos, donde uno puede comprender este concepto para poder desarrollarlo en sí mismo. Este es el caso del libro De la Autoestima al Egoísmo, escrito por el psicoterapeuta, conferencista y autor argentino Jorge Bucay.

En este libro, Bucay escribe sobre temas como la autoestima, el miedo y la culpa de una manera amena y muy accesible para el público en general. Sus conocimientos los comparte acompañándose de cuentos, entre los que incluye algunos orientales donde el personaje principal es Nasrudim (un personaje muy común equiparable al Pepito para los mexicanos, pero enfocado a historias); de manera que el libro se lee muy rápido, además de que permite que se disfrute la lectura.

Lo primero que hace el autor es explicar el concepto de autoestima, a la cual define como “la capacidad de evaluarse o valorarse a sí mismo”, es decir, que implica que uno se acepte tal y como es con sus cualidades y defectos, pues sólo así uno puede saber verdaderamente quien es. En vista de que la autoestima consiste en el VALOR que uno se da, Bucay ha decidido explicar este concepto bajo un acrónimo de la palabra, de manera que la autoestima se fundamenta en cinco pilares que son Verdadero, Autónomo, Límites, Orgullo y Receptivo.

1. Verdadero

La sociedad exige mucho de las personas, sobre todo de aquellas a las que en algún momento les vio cualidades por las que destacaban. De alguna manera, la gente se atribuye el derecho de generar expectativas sobre los demás (sobre todo sobre los niños) y se molestan si estas se frustran, por lo que terminan reaccionando en contra de la persona objeto de sus expectativas, con total desprecio o subestimación. Por otro lado, también se da el caso de que el cumplir con estas expectativas genera una cierta “valía” ante los demás. Es decir, uno tiene mayores probabilidades de ser aceptado y apreciado por su entorno si es físicamente atractivo, inteligente, rico, exitoso, autosuficiente, etcétera; sin importar las preferencias personales. Esto suele afectar a la gran mayoría de la gente, pues no es fácil cumplir con los requerimientos, además de que puede haber un conflicto interno entre lo que se quiere ser y lo que los demás quieren que uno sea. Es por ello que Bucay afirma que se debe ser verdadero, en el sentido de ser honesto con uno mismo. Esto implica no verse a través de los ojos de los demás y no martirizarse ni enojarse por no ser como ellos exigen, sino tener la satisfacción de aceptarse como uno es y sólo cambiar aquello que no nos guste, sin maltratarnos de ninguna manera, sobre todo emocionalmente.

2. Autónomo

Desde niños se nos ha enseñado a pedir la aprobación de los demás con el objetivo de poder sobrevivir en un mundo del cual ignoramos sus peligros. En esa edad solemos pedir permiso a nuestros padres para todo: si podemos comer ciertos alimentos, jugar ciertos juegos que podrían resultar peligrosos y varias actividades más; de tal manera que la experiencia nos ha indicado que aquello donde hayamos sido autónomos puede ser castigado ya que no tenemos conciencia de los peligros que nos rodean. Sin embargo, pareciera que nos condicionamos a ser así, aún en la edad adulta. Aunque ya no se les pide permiso a los padres e incluso uno se rebela contra ellos, de alguna manera la gente se doblega para poder encajar en una sociedad. Es ahí cuando surgen los permisos sobre las actividades que puede realizar una persona “respetable” y cuáles no, de acuerdo con su nivel educativo y su estatus. Por ejemplo, recuerdo que de muy joven quería entrar a trabajar como sobrecargo y pregunté a una persona acerca de mi deseo, pues yo veía una opción viable de independizarme económicamente y, a la vez, tener mayores opciones de viajar por el mundo. Como también me interesaba trabajar en el medio del arte en cuanto terminara la carrera, me dijeron que no podía ser sobrecargo, pues eso haría que la gente de la galería no me considerara de la misma manera. Como resultado, me quedé sin ninguna de las dos opciones y con muchas ganas de hacer las dos.

Lo que procede en estos casos es asumir que uno es adulto y, por tanto, debe decidir por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo para sí y asumir las consecuencias de sus actos y decisiones. Esto no significa que no se puedan preguntar opiniones a los demás, pues hay personas cuya experiencia es muy valiosa y puede aportarnos demasiado, pero si debe considerarse que sus opiniones no nos definen ni es nuestra obligación seguirla al pie de la letra, por lo que es nuestra responsabilidad total y absoluta el asumir nuestras elecciones.

3. Límites

Es necesario poner límites a las personas, pues sólo de esa manera pueden respetar nuestra individualidad independientemente de si estén de acuerdo con nosotros o no. De acuerdo con Bucay, poner límites “es darse uno mismo un lugar y establecer desde allí el respeto de los demás”, es decir, que uno debe ser congruente con uno mismo y establecer respeto para sí, sólo de esa manera se puede pedir que los demás nos respeten, ya que sabemos exactamente nuestro lugar. Para esto hay que ser consciente de que el lugar que uno asume le pertenece de manera exclusiva y que los demás no pueden entrometerse en ellos, a menos que uno decida autorizarlo.

Por otro lado, el poner límites no significa ser agresivo para con los demás. Generalmente quien pone límites de manera agresiva, lo hace así porque se siente vulnerable e inseguro respecto al lugar que tiene o, en pocas palabras, no se considera con el derecho de ser respetado. También una persona puede reaccionar de manera agresiva porque optó por aguantar que los demás pasaran por encima de él una y otra vez, de tal manera que un día ya no pudo aguantar y reventó en un ataque de ira. Quien decide poner límites lo puede hacer con serenidad y firmeza, pues tiene la seguridad de que sabe el lugar que le corresponde y que la gente que no esté dispuesta a respetar sus límites no es necesaria en su vida.

Por último, Bucay afirma que no se puede ser consecuente con las personas más cercanas a nosotros. Al contrario, es a ellos a los que más se les deben poner límites ya que pueden volverse invasivos y nuestras relaciones afectivas pueden lesionarse con el tiempo.

4. Orgullo

El orgullo implica saber reconocerse a sí mismo y aceptarse con las virtudes, defectos, éxitos y fracasos que uno posea. Para esto es necesario no juzgarse ni maltratarse, sino que, sencillamente aceptarse y estar dispuesto a cambiar de manera tranquila aquello que uno sienta que ya no es para uno. Por ejemplo, una persona con sobrepeso puede estarse criticando continuamente por su físico, de tal manera que su vida se convierte en una pesadilla ya que no se acepta como es. De ahí que va a exaltar cada vez más sus defectos, al grado que llegará un día en que todo lo que vea en sí misma será relacionado con algo negativo. Sobra decir que esto es tener una baja autoestima. Es por ello que lo mejor es aceptarse a sí mismo tal como se es, de esa manera uno ya no tiene ese martirio de ser como cree que debería ser y trabajar en solucionarlo, sin estrés, rechazo y con altas dosis de amor hacia sí mismo. Sólo así podrá cambiar su actitud y mantenerse motivado para poder enfocar sus esfuerzos en un cambio real, pues cada pequeño paso será celebrado; de lo contrario sólo se atacará y lastimará de manera que no verá sus avances, sino que sólo se centrará en lo que le falta, por lo que es muy probable que acabe frustrado, desmoralizado y herido por sí mismo.

5. Receptivo

Todas las personas estamos rodeadas con cosas buenas, quizás algunos más que otros, pero todos tienen siempre algo bueno en su vida. Sin embargo, no lo vemos. Solemos estar tan enfrascados en aquello que nos falta, que rara vez nos damos la oportunidad de aceptar las cosas o situaciones buenas que tenemos en nuestra vida. Por ejemplo, hay veces en que una mala situación en el trabajo o la escuela no nos permite estar bien con nuestra familia o disfrutar de nuestros pasatiempos, con el fin de permitir que nos distraigamos de aquello que nos afecta. De ahí que Bucay afirma que se debe “aceptar recibir lo bueno que nos suceda”, pues “nada que sea bueno es gratis y el pago siempre es por adelantado”.  Es decir, que todo lo bueno que recibimos es porque hemos hecho lo necesario para merecerlo, ya sea una acción o un cambio de actitud, seamos conscientes o no de ello.

Por último, aparte de la Autoestima, Bucay habla del concepto de egoísmo. Para él, ser egoísta significa que uno sólo puede amar al otro a partir del amor que siente uno por sí mismo. Es decir, uno busca el bienestar de los que ama, porque así se siente bien. De ahí que el egoísmo implica ponerse en primer lugar antes que a los demás (obviamente sin buscar afectarlos). Es por ello que no puede confundirse egoísmo con egocentrismo, ya que, mientras el egoísmo implica que la prioridad principal de uno sea uno mismo, el egocentrismo implica sentirse el centro del universo o de la vida de los demás. El egoísta buscará el bienestar de los demás por su propio bienestar, mientras que el egocéntrico buscará el sacrificio de los demás para su propio placer. En conclusión, el tener autoestima implica que sólo importa la opinión que uno tenga sobre si mismo y que está se mide en función de lo bien o mal que uno se considere. Es por ello que uno debe ser consciente de un “yo real” (quien se es verdaderamente) y olvidarse de un “yo ideal” (que es quien uno cree que debería ser). Esto con el fin de valorarse a sí mismo por lo que es y no por lo que uno cree que debería ser. Cabe aclarar que tener autoestima no significa ser conformista, ni tampoco considerar que uno está mal en el presente, pero en el futuro estará bien. Tener autoestima tampoco significa que los éxitos son los que lo definen a uno. En realidad, tener autoestima implica una autoaceptación e ir sobre el camino de lo que se quiere sin desaprobarte, atacarte ni lastimarte a ti y, mucho menos, permitir que los demás lo hagan.

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