Un Pequeño Quiebre de la Inercia
Quiero un Cambio – Bernardo Stamateas
Desde que concebí realizar este blog, mi principal idea ha sido tener un cambio que me permita aprovechar todas las bendiciones y privilegios que he tenido en mi vida. Ya que he sido muy afortunada, pero ciertas circunstancias individuales y personales me lo han impedido. Es por eso que he estado escribiendo artículos relacionados con mis reflexiones acerca de cómo avanzar y, dado que el cambio no va a llegar por si solo, ni con un letrero luminoso que diga: “A partir de hoy, tu vida será distinta”, es que he decidido aplicar otras acciones acordes a mi formación lectora y autodidacta. De ahí que, empezaré con lecturas que me permitan desarrollarme y darme una idea de a dónde puedo llegar.
El primer libro con el que voy a iniciar, tiene un título que curiosamente va con el objetivo que tengo en este momento: “Quiero un Cambio”, del psicólogo Bernardo Stamateas. Reconozco que tengo incertidumbre acerca de leer este tipo de libros y, quizás, algo de miedo a que no funcione. Pero deseo fervientemente este cambio y estoy convencida de que es mejor intentar algo diferente, aunque me genere alguna incomodidad, a continuar con mi rutina insoportable y seguir donde ya no quiero estar.
La manera en como llegué a este libro es curiosa. Estaba en la librería, enfrascada en mi cotidianidad gris, pensando en que no basta solo con decir que buscaré salir del fracaso, sino que posiblemente debiera buscar un cambio de mentalidad. Así es como terminé en la sección de libros de autoayuda y superación. Revisé varios libros hasta que me vi el título de este, que describía exáctamente mi necesidad: “Quiero un Cambio”.
Abrí el libro, lo hojeé y revisé su interior, y me topé con una frase que me hizo ruido: “Cuando deje de buscar que me cuiden, me cuidaré. Cuando deje de buscar que me lo den todo, produciré. Cuando deje de buscar a alguien que falla, triunfaré.” Me molestó, porque tenía razón.
Yo, que me digo que soy autónoma, fuerte, consciente… en el fondo sigo esperando que alguien más haga lo que yo debía hacer por mí misma. Que de alguna manera me salven hasta de mi, que me dé dirección y que me saque del agujero en el que yo he decidido meterme, sin que yo siquiera estire la mano. Entonces supe que este libro no iba a darme recetas mágicas (aunque a veces lo intenta). Sino darme la oportunidad de ponerme frente al espejo con brutal honestidad. Y eso duele. Porque una cosa es saber que tienes que cambiar, y otra muy distinta es aceptar que llevas años de comodidad, eligiendo no hacerlo.
El libro tiene frases que se repiten, ideas que rozan lo obvio, pero es posible que ahí radique su fuerza: en la insistencia. Porque el cambio no nace de una revelación divina, sino de repetirte de una y otra manera, hasta el cansancio que puedes, que debes, que mereces. Hasta que algo dentro de ti lo cree… o eso es lo que quiero creer.
Sin embargo, esto no es fácil. No se trata solo de querer. Hay que vaciar primero todo lo que uno ha acumulado: las justificaciones, las excusas elegantes, los ‘mañana empiezo’, los ‘es que nadie me enseñó’. Yo, por ejemplo, me pasé años culpando a mis circunstancias, a mi entorno, a mi genética, a mi educación diferente y hasta a mis privilegios. Y sí, todo eso influye, pero más influye lo que uno decide hacer con eso.
Otro momento clave del libro dice que “Tu presente no importa. Tu mañana será mejor si sigues corriendo la carrera”. Esa metáfora me llegó hondo, porque he abandonado muchas veces lo que quiero lograr de mi o lo he “logrado” a medias y no he intentado más. Simplemente he soltado la meta porque ya no me sentía capaz. Y claro, después viene la culpa, esa que se siente como costal de arena en la espalda y que no pesa tanto por lo que se lleva, sino por saber que pude haberlo hecho bien y no lo hice. Porque decidí no hacer lo que sabía que tenía que hacer.
Lo escribo y me molesta un poco, porque este texto no es para dar lecciones, sino para reconocer que muchas veces me he abandonado a mí misma en pro de mi comodidad. Me he prometido cosas que no cumplí. Me he “victimizado”, con la excusa de que la vida es dura. Y sí, lo es. Pero, a diferencia de mucha gente que vive cosas realmente terribles, yo tengo la oportunidad de cambiar. Y si yo no no hago algo con ella, nadie más lo hará.
El libro tiene momentos muy luminosos: “Los sueños no están para ser soñados sino para ser alcanzados.” Sin embargo, también roza el peligro de idealizar el logro sin hablar de lo que se rompe por dentro mientras uno intenta reconstruirse. Pero si se lo toma como una provocación y no como una receta, puede ser útil. Puede ser el empujón que hace falta para que una despierte de su propio letargo.
Porque sí hay que trabajar duro. Sí hay que educarse en actitud. Sí hay que dejar de delegar nuestra vida en el afuera. Pero también hay que llorar lo que duele, aceptar que el proceso no es lineal y que no siempre sabremos cómo salir. A veces, avanzar es simplemente no retroceder. Y otras veces, es dormir un día entero para recargar lo que el mundo nos quitó. Stamateas, deja entrever que el cambio real también implica frustración, caídas, dudas, contradicciones. Y eso lo hace más humano. Porque no se trata sólo de cambiar lo que haces, sino de reconstruir lo que piensas sobre ti misma. Ya que cambiar no es volverse alguien distinto. Es quitar las capas de miedo, de ruido, de hábito, que me han impedido ser yo misma. Es volver a mi, pero mejor, más honesta, más ligera y más decidida a vivir mi vida de manera satisfactoria.
Estoy consciente que leer *Quiero un Cambio* no me va a cambiar la vida, pero al menos en ciertos momentos, logró animarme y hacerme pensar que cambiar es posible, y que el primer paso es dejar de esperar el permiso de alguien más. También me ayudó a recordar que ya no puedo seguir esperando a que algo mágico me saque del pozo. Que a veces basta con mirar hacia arriba, ver que hay luz, y empezar a trepar con lo que tenga.
Estoy consiente de que sigo y seguiré fallando. Sigo teniendo días en los que quiero esconderme bajo las cobijas. Pero también tengo una pequeña luz, una guía, donde ya no me creo todas las historias que me cuento para no avanzar. Ya no me doy tantos permisos saboteadores. Ya no me castigo con indulgencias que sé que me duelen. Ahora, al menos, me observo. Me escucho. Me acompaño. Pues no hay mejor cambio que ese: el de dejar de abandonarse a uno mismo. Porque ahí empieza todo.
En conclusión, si estás leyendo esto esperando que te diga que este libro es la solución, lamento decepcionarte: no lo es. Pero puede ser el inicio de una pequeña confrontación personal, como la que yo estoy empezando a vivir y que posiblemente te obligue a actuar diferente. Porque al final, el verdadero cambio no ocurre cuando lo deseas, sino cuando lo eliges una y otra vez, aunque te caigas, aunque te duela, aunque no veas resultados inmediatos.
Querer un cambio no es un deseo, es una práctica diaria. Una rebelión contra todo lo que alguna vez pensaste que no podías ser. Entonces, ¿quieres un cambio? No lo pienses tanto. ¡Hazlo! Y vuelve a hacerlo mañana, y pasado, y cada día. Hasta que, sin darte cuenta, seas diferente y en realidad puedas ser tú.