Zona de Confort

Auto-Reset

el
mayo 1, 2019

En el primer post de esta página, al cual llamé “Desde el Fracaso”, expuse que he sido una persona muy afortunada ya que mi vida ha estado llena de oportunidades pero que, lamentablemente, estas no han sido aprovechadas por lo que no soy lo que cualquier persona podría denominar como exitosa, ni tampoco puedo estar satisfecha de mis fracasos, puesto que no he tenido el compromiso de lograr mis objetivos o de al menos haberlo intentado lo suficiente. Todas estas son razones por las que he decidido empezar de nuevo.

            Sin embargo, en estos días en que he decidido poner manos a la obra, me he enfrentado a una diversidad de situaciones un tanto complicadas, en vista de que (como toda persona novata), quiero avanzar, pero no tengo los conocimientos ni la experiencia necesaria para saber qué hacer ni por dónde empezar. Esto me ha llevado a reflexionar sobre algunos aspectos que considero interesantes para cualquier persona que esté interesada en retomar las riendas de su vida y que, como yo, tenga tendencia a diversificarse y a perder el foco; por lo que me permito explicar aquí algunas de las conclusiones a las que he llegado:

Establecer un objetivo.

Un objetivo es una meta a la cual queremos llegar y que requiere de varias acciones para poder realizarla. Si uno no define una meta, es muy posible que quede a la deriva en sus acciones y al final se quede con un malestar e incertidumbre constantes. En cambio, cuando uno define una meta y esta se logra, uno mismo puede llegar a experimentar un gran placer y satisfacción, lo cual permite que nos sintamos plenos con nosotros mismos y eso incrementa nuestra autoestima. Sin embargo, considero que todo objetivo está sujeto a algunos aspectos que es necesario recalcar.

  1. Debe ser concreto. Uno puede tener como objetivo ser feliz o vivir en paz, sin embargo, aunque estos objetivos son bastante deseables, es necesario que se puedan sustentar en bases concretas o, de lo contrario, uno puede confundirse. En mi caso, hace tiempo había establecido que quería ser feliz haciendo lo que me gusta. El problema es que hay demasiadas cosas que me gustan y que me gustaría conocer (tal vez más de las necesarias), por lo que no definí el objetivo de manera clara. ¿El resultado? Un caos total. Pues, mientras estudiaba la licenciatura (con toda la carga académica que conlleva), a la par entré a estudiar danza, pero también me metí a flauta y unos días más tarde a un taller de teatro y otro de alebrijes; la verdad no recuerdo si me metí a más talleres, pero si recuerdo que la mayoría eran de un nivel que demandaba mucha atención y compromiso, por lo que fui aumentando la carga de trabajo a un nivel exorbitante. Todo esto basándome en un concepto de “ser feliz haciendo lo que me gusta” sin ningún sustento, concreción ni mucho menos definición, lo que conllevó a que al final de semestre acabara frustrada por no haber cumplido con todos los talleres que requerían un compromiso serio (al menos si cumplí con la carrera, pues esas actividades las tenía como prioritarias). Si hubiese hecho algún objetivo concreto, es posible que al terminar la escuela hubiese tomado todos esos talleres, con la responsabilidad necesaria y sin ninguna frustración (ni daños a mi autoestima).
  2. Hay que priorizar placeres. Cuando los objetivos son largos y complicados, el lograrlos nos conlleva a un placer enorme que incrementa nuestra autoestima y seguridad. Sin embargo, hay un riesgo que uno debe tomar en cuenta cuando define un objetivo a largo plazo y es que a todas las personas nos gustan los placeres y los buscamos constantemente, pues estos provocan un sentimiento positivo que se asocia mentalmente con que eso es algo bueno para nosotros (aunque no siempre sea así). Por lo mismo uno tiene que marcar su objetivo como prioridad, con el fin de no perderse en placeres inmediatos. Esto puede ejemplificarse con una persona quiere tener un cuerpo esbelto y ejercitado (de acuerdo con el parámetro de belleza occidental). Para lograrlo es necesario que siga una alimentación correcta, que tenga las horas de sueño adecuadas, que se ejercite, etcétera. Es decir, que su vida y sus hábitos deben estar acordes al objetivo. Sin embargo, si a esa persona le fascinan los chocolates (como a mi), y diario se da sus pequeños permisos comiéndose uno; la meta no se logrará, pues ha ganado el placer inmediato por encima del que proporcionaría el alcanzar la meta. Lo ideal sería que esa persona dividiera su meta en otras más pequeñas, pues esto le daría un estímulo constante lo cual le animaría a avanzar más y, de vez en cuando, premiarse con algún chocolate. Así puede mantener un equilibrio entre el beneficio que proporciona el llegar al objetivo y los premios cuando llega a cumplir con los pequeños avances.
  3. Debe dividirse en pasos. Los objetivos suelen ser metas grandes, por lo mismo estos requieren de mucho trabajo y no se logran de manera inmediata. Para lograrlos es necesario planearlos y dividirlos en pasos pequeños, no sólo porque eso nos dará una satisfacción constante, sino también porque agiliza la carga de trabajo, nos permite tener un mejor control de las cosas y podemos ver qué funciona y que falla para posteriormente hacer los cambios necesarios. Ciertamente no siempre se sabe hacer un plan de acción detallado (pues eso requiere de conocimiento y experiencia), pero siempre se puede empezar con informarse acerca de aquello que queremos lograr, esto nos dará una idea de las acciones a tomar para poder lograr nuestro objetivo… lo demás llega con el tiempo y la práctica.

Tener determinación personal:

Se podría definir este concepto como la capacidad de tomar una decisión y actuar en consecuencia. Sin embargo, muchas veces ocurre que uno elige un objetivo y toma la decisión de alcanzarlo, pero se enfrenta con que no sabe qué hacer o por dónde iniciar. Esto puede conllevar a muchas situaciones “desagradables”, pues es muy probable que haya muchos errores y fracasos que puedan a uno desanimarlo. Sin embargo, eso implica la determinación: el elegir tomar las actitudes adecuadas para conocer las debilidades y fortalezas de uno mismo y trascenderlas. También implica aprender de las experiencias que proporcionan los fracasos para hacer los cambios necesarios y volver a intentarlo una y otra vez. Con lo que considero que hay dos puntos que se deben tomar en cuenta.

  1. Guarda silencio. Uno debe ser sigiloso; es decir, no debe estar contando a todas las personas acerca de las metas que uno quiere lograr (y menos al principio del proyecto); ya que uno es ignorante e inexperto y, por lo mismo, ingenuo, por lo que uno se arriesga a encontrar gente con buenas intenciones que lo quiera aconsejar, pero que no sepa del tema; o personas con una visión limitada que le recalquen los aspectos negativos o la imposibilidad de la tarea con el fin de ahorrarle las penas y sufrimientos de un trabajo “inútil”. También es muy común encontrar personas que quieran recalcar los fracasos obtenidos en cada momento de la vida, con el objetivo de demostrar que uno es incapaz y así minar la propia confianza. Hay que asumir que los objetivos y los éxitos son personales, por lo que uno es quien debe trabajarlos y adquirir sus hábitos acordes a ellos. Claro que este silencio no tiene que tomarse de manera literal, habrá personas a las que uno tenga que comentarles, sobre todo si pueden dar un apoyo en conocimiento, experiencia o hasta moral (aunque la persona que mejor se puede echar porras es uno mismo). Es por ello que, hay que considerar que no deben contarse los planes a quien no le interese apoyarte y menos a quien los use para atacarte.
  2. Trabajar constantemente. A mi parecer, el trabajo constante sobre aquello que se quiere lograr es parte de la determinación, pues implica un cambio de hábitos, así como enfocarse en los objetivos. Al menos en mi caso, he observado que hay personas (incluyéndome), que pueden desear algo y, sin embargo, lo van posponiendo debido a sus actividades cotidianas. La familia, el trabajo, la pareja, las enfermedades, las fiestas, los amigos, las urgencias… cualquier situación puede distraernos de nuestros objetivos. Obviamente uno no debe renunciar a todo, sencillamente basta con decidir trabajar diario en su meta y hacerlo, hasta que se vuelva costumbre.
  3. Modificar el pensamiento. Quizás suene a cliché, pero es cierto que uno no puede obtener algo diferente si insiste en hacer lo mismo siempre, en mantener las mismas ideas, la misma actitud o las mismas acciones. El hacer lo mismo alargará la fórmula que nos ha llevado a este punto y del cual, justamente, queremos cambiar. Así que más vale aceptar que todo en esta vida cambia y tiene una evolución que le permite adaptarse a las nuevas circunstancias. A partir de que uno toma una decisión, nuestra circunstancia se abre al cambio, por lo que también nosotros tenemos que fluir con ello. De ahí que es necesario que uno esté abierto a aprender nuevas maneras de hacer las cosas y a cambiar su perspectiva. Por ejemplo, si uno siempre se enfoca en las razones de por qué algo que está emprendiendo “no va a funcionar” porque eso le ayuda a prevenir problemas, pero la realidad es que siempre hace que uno se detenga. Puede optar por dejar eso de lado o bien contrarrestar esa actitud y buscar las razones de por qué sí puede funcionar; de esa manera se puede expandir la visión hacia nuevas oportunidades que, seguramente, nos acercarán un poco más a nuestros objetivos.

Preparación:

Absolutamente nadie nace sabiendo hacer las cosas, quizás sólo algunas que traemos por instinto como comer o respirar y, aun así, necesitamos que nuestras madres cuiden que lo hacemos bien hasta que estemos mejor desarrollados. Lo mismo pasa con todo camino o acción que emprendemos, al principio ignoramos muchas cosas y podemos tener una idea (y muchísima imaginación), acerca de cómo puede ser aquello que deseamos. Podemos ser idealistas y empezar a hacer las cosas imaginando que será fácil, que sólo tenemos que ser cuidadosos y hacerlo bien… hasta que nos enfrentamos con la realidad. De pronto vemos que nuestras acciones no fueron las adecuadas, que el portarse bien (de acuerdo con lo que uno cree) no siempre significa que se obtendrán los resultados esperados y es ahí cuando perdemos la inocencia. Es por ello que uno debe ser capaz de prepararse, de asumir que por muy buena que sea una idea, no significa que se sepa desarrollarla. Hay que aceptar que mucha gente ha vivido caminos como los nuestros (o parecidos), por lo que una decisión inteligente es prepararse y estudiar de aquellos que ya se dieron de topes y pueden darnos ideas para que nos duelan menos.

            Por otro lado, tampoco se debe caer en el extremo de prepararse y empezar a hacer las cosas hasta que se esté listo. Al menos en mi caso eso ha sido lo más desastroso que he vivido, pues uno nunca va a sentirse preparado (y menos si se es perfeccionista) y solo se atrasa el trabajo y hasta la vida. La mejor y más equilibrada manera de aprender las cosas es estudiarlas y aplicarlas, pues sólo así se adquieren experiencias enriquecedoras.

En conclusión, todos estos aspectos pueden parecer obvios ya que se basan meramente en el sentido común. Sin embargo, para mí fue enriquecedor el pensar en ellos, pues me han permitido observar los errores que he tenido a lo largo de mi vida y de los cuales he comprobado sus consecuencias en carne propia (y también en la de otras personas). De ahí que el replantearme los parámetros bajo los que siempre he trabajado me ha permitido darme una idea de lo que necesito cambiar y tener una dirección que me acerque a mis objetivos. De ahí que considero que oficialmente he iniciado mi Auto-Reset.

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