RETO: Retomando el italiano
Empezando
Como cada seis meses, he decidido cerrar otro ciclo más relacionado con los idiomas que en algún momento decidí aprender de manera autodidacta, pero que no he concluido o, mejor dicho, no he llegado a un nivel que me permita comunicarme de una manera fluida, ya que nunca se termina de aprender una lengua (ni siquiera la propia). En este reto, le toca su turno a la lengua italiana.
El italiano es un idioma que desde muy niña quise aprender. Una de las razones principales fue porque dos de mis tíos, quienes me llevan tan sólo 10 y 11 años, lo estaban aprendiendo y a mí me gustaba escucharlos. En ese momento ellos tenían alrededor de 16 años y yo tan solo 5. Fue tal mi fascinación, que cuando me regalaron un perro Cocker Spaniel color miel, no hubo mejor sugerencia para mí que nombrarlo Orecci (Orejas).
Posteriormente, por ahí de los 17 años, me apasioné por la ópera, sobre todo por las obras de Puccini, Verdi y Leoncavallo, así como la interpretación que hacía María Callas de ellas. De ahí que mi papá me regaló un método Larousse de aprendizaje de idiomas, con el fin de que tuviese una mejor comprensión de lo que escuchaba. Dicho método me pareció muy sencillo para estudiar y la parte auditiva me dio mucha confianza, ya que la pronunciación era muy clara (a diferencia de la lengua inglesa, con la cual me ha costado mucho trabajo desarrollar el oído en cualquier metodología). Sin embargo, en su momento sólo lo estudié de manera ligera y con la intención de aprender lo suficiente para entender la vocalización en la ópera. No me atrevía a practicarlo con nadie, pues no confiaba en mi pronunciación ya que era sumamente autocrítica; así que mi conocimiento del idioma no pasaba de unas cuantas frases como saludos, peticiones de comida y otras expresiones que habrían servido para mantener una ligera conversación, así como para explicar que no sabía hablar italiano a algún extranjero. – Reconozco que la frase “Perdón, pero no hablo bien este idioma” me la sé muy bien en todas las lenguas que he intentado aprender. –
En algún momento quise asistir a clases en el instituto Dante Alighieri, sin embargo, por muchas situaciones (entre ellas mis inseguridades), no me decidí a aprender italiano de una manera más seria sino hasta pasados los 27 años. Debo reconocer que el culpable de mi decisión fue un escritor llamado Alessandro Baricco. Mi acercamiento a su obra fue gracias a uno de mis tíos, quien se fue a vivir un año a Peruggia, ya que deseaba tener cambios en su vida. Cuando regresó, trajo consigo algunos libros. Intenté leerlos, pero no tuve mucho éxito, así que los dejé por la paz. Un tiempo más tarde (algo así como dos años), vi un libro de él en una librería. Yo ya le había comentado a mi papá que ese autor me llamaba la atención, puesto que mi tío me hablaba maravillas de él. Entonces mi papá en cuanto vio el libro (y con la excelente memoria que tiene), lo agarró y lo pagó. Me lo regaló con el objetivo de que, en caso de que me gustara el autor, me animara a retomar mis estudios de ese idioma.
El libro era “Novecento. La Leyenda del pianista en el océano”. Y puedo decir que es uno de los mejores libros que he leído. Fue tal mi entusiasmo, que al platicar con mi padre no tuvo otra opción más que leerlo (aunque él acostumbra a leer demasiado) y me regaló otros tres libros: Seda, Océano Mar y El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin. Con eso tuve para decidirme a aprender italiano. Acostumbrada como estoy a aprender las cosas de manera autodidacta, fui a una librería y compré un método llamado Assimil, ya que he conocido mucha gente que ha aprendido idiomas con ese libro; y puse manos a la obra. Así fue como “aprendí” el suficiente italiano para poder leer los libros de Baricco.
Recalco que aprendí italiano para leer libros y para escribir textos, pero mi metodología no me funcionó para hablar y eso quedó en evidencia el día en que conocí a ese escritor. Durante muchos años estuve esperando que viniera a México a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Soñaba con verlo de frente, escuchar lo que tuviese que decir acerca de sus libros y hacerle preguntas acerca de algunos pasajes de sus obras que me impresionaron profundamente. Cada año había rumores de que se presentaría, pero no ocurría. Finalmente, en diciembre del año 2013, vino a México. Para mí fue una noticia devastadora, pues justo ese año perdí mi negocio, así que no tenía ni un peso para ir a Guadalajara además de que, por mi situación económica, no estuve a la expectativa de su llegada. Recuerdo que cuando me enteré, estaba pintando un departamento que me habían dado para ofrecerlo como alquiler, así que me sentí mal, enojada, frustrada y la persona con peor suerte en el mundo. Sentía que el universo estaba en mi contra (por muy dramático que sonara), ya que el escritor vivo al que más admiraba se presentaba en México justo en el momento en que no tenía ni una oportunidad de ir a su encuentro.
Ese día me la pasé maldiciendo mientras pintaba el techo del departamento. Un brochazo, una maldición, otro brochazo, otra maldición. Maldecía mi suerte, las malas decisiones que había tomado que me llevaron a esa situación económica y en general mi vida. Padecí una odisea de victimismo y frustración, que duró horas y esa noche no dormí por el coraje. Al día siguiente, alrededor de las 5 de la tarde, un amigo me comentó que Alessandro Baricco estaba en la Ciudad de México y que se presentaría esa misma noche en el Instituto Italiano de Cultura para dar una entrevista. Me sorprendió la noticia, sin embargo, ya estaba en una situación de negación total, por lo que respondí que no podría ir, que no iba a llegar y que ya no estaba en mi destino.
En algún momento, me di cuenta de que yo misma estaba boicoteando mi deseo, así que me decidí a ir. Alcancé a avisar a mi jefa que me iría más temprano (para lo cual no hubo objeción). Mi amigo me habló de para convencerme de ir (me había estado insistiendo toda la tarde), pero se llevó la sorpresa de que ya iba camino a mi casa para arreglarme. Sinceramente esa parte la recuerdo vagamente, pues estaba como en un trance, entre emocionada, ansiosa y nerviosa. Recuerdo que estaba impaciente, pues el trayecto del departamento a mi casa duraba una hora. Llegué, me bañé y me puse lo primero que encontré, ya que llevaba prisa, agarré mi libro de Noveccento y me salí para hacer otra hora de trayecto hasta el lugar donde era la conferencia. Cabe recalcar que el Instituto Italiano de Cultura está mucho más cerca del departamento que estaba pintando que de mi casa, pero no quería asistir sin llevar mi libro para pedirle un autógrafo.
El trayecto de mi casa al Instituto se me hizo eterno y pasó de todo. Primero el metro se quedó detenido 10 largos minutos en una estación y, posteriormente, los camiones iban llenos. Pero aun así llegué al lugar… para descubrir que las puertas ya estaban cerradas. Debo aclarar que, generalmente cuando veo que un lugar está cerrado, respeto… pero esa vez no fue así. No sé por qué actué así, pero toqué, toqué y toqué… hasta que después de unos diez minutos abrieron la puerta y me dejaron pasar. Sinceramente pensé que me regañarían o me cerrarían la puerta en la cara, pero no. No sé si me vieron desesperada y se compadecieron de mí, pero al menos me dejaron pasar y me dijeron que Baricco estaba al fondo (aunque yo lo escuchaba por el altavoz).
Cuando llegué al salón fue impresionante. Estaba atiborrado de gente hasta el patio, por lo que era difícil verlo. Sin embargo, nunca supe cómo me abrí paso entre la multitud hasta que terminé sentada en primera fila, frente a él y al lado de una persona que después supe que era el embajador de Italia en México. Yo no podía dejar de observarlo. Ahí estaba sentado, tranquilo, dando una plática sobre la historia de su libro “Oceano Mare” y su relación con el cuadro de Théodore Géricault: La Radeau de la Méduse .
No supe cómo me abrí paso entre la multitud, pero acabé sentada en primera fila frente a él (creo que me senté en los lugares reservados, ya que quedé justo al lado del embajador de Italia en México). No voy a contar todo lo que ocurrió en su conferencia. Basta decir que la disfruté al máximo. Al final de ella, vino la firma de autógrafos y fui la primera en pasar. Aceptó tomarse una foto conmigo, situación por la que me siento muy afortunada, ya que se negó a tomarse más fotografías. Por mi parte quería decirle tantas cosas: que había decidido aplicarme en mis estudios de italiano tan sólo para leer sus libros, que me encantaban y que esperé mucho tiempo para poder conocerlo, que incluso había considerado viajar a Italia en algún momento sólo para visitarlo en la Universidad de Turín y platicar con él. ¡Pero no pude! Le di mi libro para que lo firmara y, en cuando me preguntó mi nombre… se me olvidó. No sólo olvidé el poco italiano que había aprendido, ¡sino también mi nombre! A los segundos lo recordé, tan es así, que tengo mi libro autografiado, pero fue una vergüenza, ya que él se había dado cuenta y pensó que no le había entendido.
Ahora estoy aquí, queriendo reafirmar ese territorio de una manera correcta. Ya no para leer a Baricco, sino por el puro gusto de repasar (¿o debería decir reaprender?) algo que me gusta y que quiero hacer parte de mí: la lengua italiana.
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¿CÓMO REPASARÉ LA LENGUA ITALIANA?
Para repasar este idioma durante las siguientes semanas, a fin de obtener un nivel respetable, realizaré lo siguiente:
1. Estudiar el método Assimil, llamado “El Nuevo Italiano sin Esfuerzo”.
Esto es porque considero que ese método es uno de los mejores, ya que tiene una forma de aprendizaje muy divertida, intuitiva y sin sufrimiento.
2. Repasar las Categorías Gramaticales.
El concepto de “categorías gramaticales” consiste en una clasificación que se da a las palabras de acuerdo con su tipo y función. A mi parecer, estas son esenciales para comprender los diferentes tipos de palabras que existen en un idioma, así como la función que tienen.
3. Estudiar una gramática de la lengua italiana.
Aunque un idioma no se puede aprender a partir de la gramática, sino con la práctica. Es necesario comprender esta cuando ya se tienen ciertos conocimientos básicos, con el fin de agilizar la comprensión de la estructura de las oraciones.
4. Escuchar podcast y ver películas o programas en italiano.
Una de las partes más importantes para aprender un idioma, es el desarrollo del habla y de la escucha, pues esto permite aprender a diferenciar sonidos. Si uno no aprende a escuchar, es muy difícil que pueda mantener una conversación en un idioma.
5. Estudiar con alguna aplicación para idiomas que puede ser Bluebird o Duolingo.
Esto con el fin de aprender vocabulario. Lo bueno de este tipo de aplicaciones, es que se actualizan constantemente y manejan muchas palabras de uso actual.
6. Hablar con personas en italiano.
Debería platicar con personas en italiano, pero debido a la situación actual provocada por la pandemia, eso es prácticamente imposible. Por lo que repasaré mis lecciones en voz alta a fin de mejorar mi pronunciación. Sin embargo, esa parte queda pendiente para poder practicarla en algún momento, en cuanto se reanuden actividades.
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El reto dura del 5 de julio al 27 de septiembre del 2020 (13 semanas). Durante este período, estaré reportando mis avances semana a semana, con la esperanza de poder realizar el Examen para la Certificación del Italiano como Lengua Extranjera, ya sea el CELI o el CILS (que son los exámenes oficiales que se aplican aquí en México por medio del Instituto Italiano de Cultura), del cual subiré mis resultados en cuanto lo realice. Debo aclarar que hace años lo realicé, pero la parte del habla no la aprobé, por lo que no estoy certificada en esa lengua.
Por último, aclaro que es probable que el examen lo presente hasta el 2021 (como otras certificaciones que tengo pendientes), ya que he decidido mantener el confinamiento por la situación que hay actualmente respecto a la pandemia. Así que pido una disculpa de antemano, pues lo ideal sería presentarlo ya mismo, pero esta es una situación especial.