Resolviendo en latín…
Iniciando
Reconozco que el título que elegí para este reto pareciera un acertijo de esos que se encuentran en las novelas policiacas con pretensiones culturales, del tipo Código Da Vinci, pero me sirve para representar la postura que tengo ante lo que dice el vox populi: que el Latín es una lengua muerta y que ya no tiene hablantes naturales (aunque sea la lengua oficial de la Ciudad del Vaticano). Sin embargo, en la práctica es una lengua muy necesaria ya que, dada su naturaleza de ser el “origen de muchos conocimientos actuales”, es una lengua muy viva, debido a que de ella surgen muchos elementos terminológicos de varias disciplinas como la científica, la magia y las lenguas romances (y algunas que no son romances como el inglés). Precisamente por ser parte del origen de muchos temas que me interesan, y para tener unas bases firmes, es que este será el primer reto de 13 semanas que quiero realizar en mi blog y que solo implica una cosa: aprender latín.
Pero debo ser sincera, no estoy aprendiendo latín desde cero, aunque tampoco tengo un conocimiento profundo del tema. Sencillamente, considero que debo afianzar y si me es posible, profundizar en los conocimientos de una lengua que me encanta por muchas razones y que ha influído mucho en mi vida ya que tengo algunos recuerdos de acercamientos a esta lengua, de los cuales prefiero contar el chisme en este momento.
Mi primer acercamiento con el latín viene desde que era una niña pequeña y fue un poco por jugar con mi mamá (o quizás fastidiarla porque de repente era muy bromista con ella). La historia es esta: cuando tenía por ahí de 3 – 4 años, mi mamá estaba estudiando la Licenciatura en Derecho en una época donde todavía les enseñaban los principios de derecho en latín, que son los fundamentos del derecho que se utilizan hasta la actualidad y que, según recuerdo, sirven para rellenar los huecos legales cuando no hay una ley que regule alguna situación. También les enseñaban nociones del Derecho Romano, cosa que ya en muy pocas escuelas lo hacen. El caso es que mi mamá iba a la Universidad en el turno vespertino, por lo que todas las mañanas se levantaba a estudiar mientras yo jugaba a su lado. Ella era muy dedicada en parte por carácter y por mantener la beca, por lo que diario, de lunes a domingo, se levantaba a estudiar, luego desayunábamos, me bañaba, aseaba la casa y seguía estudiando hasta el momento de arreglarse e ir a la escuela.
Una vez escuché que repetía una frase una y otra y otra y otra vez… Tanto la repitió que me la terminé memorizando y empecé a arremedarla porque ya me tenía cansada con la misma frase. Esta acción le dio risa y optó por cambiar de materia para ya no fastidiarme (en fin, siempre ha sido consentidora). Ese mismo día en la tarde, fuimos a su clase ya que ella solía llevarme a su escuela hasta que pudiera pasar mi papá por mi, y me sentaba en una banca a su lado donde yo me metía en mi papel ser una niña tranquila que ponía atención, pero que solo me dedicaba a rayonear mi cuaderno de colorear. En alguna clase, un profesor preguntó la lección de los principios de derecho y los alumnos no se sabían la frase y pues típico… viene un regaño tremendo donde ya muy enojado les dice refiriéndose a mi: “YO CREO QUE SI A ESTA NIÑA LE PIDO QUE SE APRENDA EL PRINCIPIO DE LAS OBLIGACIONES, LO HABRÍA HECHO”. Ante lo que mi mamá le respondió “pregúntele”. Así lo hizo y respondí con mi voz infantil:
Obligatio est iuris vinculum, quo necesitate adstringimur alicuius solvendae rei, secundum nostrae civitatis iura.
Que significa “La obligación es un vínculo jurídico, por el cual estamos compelidos a pagar alguna cosa, según las leyes de nuestra ciudad”. Obviamente al profesor le sorprendió mucho y ahí, al ver que había dicho algo “importante” empezó la inquietud por uno de los vicios que marcaría mi vida varios años después.
Unos 20 años después entré a estudiar Derecho, cosa que no me gustó porque no quería estudiar esa carrera y sólo lo hacía por darle gusto a mi familia. Así que dejé de entrar a clases y acabé de metiche en la Lic. en Letras Clásicas de la UNAM (creo que en otros países le llaman Filología Clásica). Dicha licenciatura está enfocada en el estudio de la historia, cultura y textos de las antiguas Grecia y Roma. Cosa que me encanta, en parte por culpa de mis padres; pues siempre me contaban los mitos griegos como si fueran cuentos para dormir. El chiste es que estuve de oyente en esa licenciatura, luego entré a estudiarla (en algún momento contaré esa historia), y eso implicó aprender las bases de ese idioma hasta que llegó el momento en que di clases de latín a un grupo de programadores cuyo objetivo era tener otro tipo de estructura lógica en su pensamiento.
Esa situación fue algo muy estimulante y en la que, tanto un amigo como yo, nos interesamos mucho ya que nos habíamos dado cuenta de que todas las personas que aprendían latín, terminaban hablando un español como “torcido”, es decir, con verbos al final y las palabras compuestas de manera diferente, por lo que nos llegó a dar la impresión de que se les reconfiguraba la mente. Es algo muy difícil de explicar, pues imagino que toda la gente se confunde al aprender un idioma y más en un método inmersivo, que implica un cambio de pensamiento y por eso dicen que necesitan concentrarse en lo que están diciendo (aun cuando son hablantes nativos de alguna lengua). Sin embargo, en el latín nos pareció algo sumamente notorio ya que el método no era inmersivo, sino más enfocado a la gramática, como suele serlo de la manera tradicional. El chiste es que aceptamos el reto y aprendieron latín y yo aprendí más ya que tenía que estudiar mucho para poder saber explicarles. Si el proyecto al final fue un éxito o no, es algo que no puedo evaluar. Pues los estudiantes eran personas que tienen mucha preparación interdisciplinaria y han hecho uso de todas sus cualidades, por lo que el latín sólo era un elemento más de sus aprendizajes (y la verdad es que tampoco les llevamos un seguimiento).
La cuestión es que ahorita que estoy interesada en retomar mi vida y mis gustos, he decidido iniciar con esta lengua. En parte porque siempre me ha gustado y también porque me funciona como el origen de todo lo que me interesa, con lo cual pienso que podría afianzar las bases de mis conocimientos y me ahorraría mucho tiempo en tratar de asimilar cosas que, por otros medios, serían más complicadas. Como la primera vez que intenté leer El nombre de la Rosa del autor Umberto Eco. Lamentablemente, en la edición que tenía venían las frases en latín y en una página aparte las frases en español. Por lo que, cada vez que me topaba con una debía buscar en esa página y esto provocó que se volviera super tediosa la lectura. Debo confesar que por ello dejé el libro a medias y mejor vi la película.
En fin, como esto es un post donde hablo del reto, creo que me corresponde explicar la manera en como pretendo repasar mis estudios de latín, por lo que haré lo siguiente:
- Estudiar diario dos lecciones de los libros del método Ørberg: LINGVA LATINA PER SE ILUSTRATA, PARS I ET II.
- Resolver los ejercicios en un cuaderno aparte.
- Volver a memorizar las palabras estructurales, de las cuales hablaré cuando surjan más adelante, ya que son las que dan la estructura lógica y de pensamiento a toda lengua (o hasta el momento es lo que sé, porque luego cambia la información).
Y pues, semana con semana estaré mostrando mis avances. Como es una materia de la que ya he dado clases, espero que este reto sea sencillo y pueda tener una evolución rápida, aunque bien sé que uno nunca deja de aprender.
ALEA IACTA EST