Observando la “Ciudad de Dios” de Kátia Kund y Fernando Meirelles
Desde el principio de este blog, he comentado que soy una persona que tiene el privilegio de haber nacido dentro de una familia que me ha dado todos los apoyos que estaban en sus posibilidades. De ahí que, a pesar de lo que mucha gente juzga, me impulsaron para estudiar una carrera donde se asevera que uno se muere de hambre: Licenciatura en Humanidades. De ahí es factible deducir que soy una persona de clase media y que no crecí en un ambiente hostil, en el cual tuviese que luchar por mi supervivencia. Hago esta aclaración ya que la película de la que voy a escribir muestra otras realidades muy diferentes a aquella en donde me he desenvuelto, por lo que de antemano pido una disculpa si mi apreciación es incorrecta.
En el curso en línea “Arte en Contextos de Violencia” del Museo Memoria y Tolerancia; se nos habló de que entre las distintas funciones del arte está la de expresar de una manera simbólica y estética, situaciones sociales en que se desenvuelve un grupo de la población. Esto es muy bueno ya que promueve la sensibilización de la gente a situaciones de las que, de otra manera, no tendría conciencia o ni siquiera una noción. Es por ello que muchos artistas aprovechan esto para hacer visibles situaciones críticas o violentas que afectan a la población; tales como Teresa Margolles (que habla de los muertos por el narcotráfico), Marcos Ramírez ERRE (que habla de la migración entre México y Estados Unidos) o Bansky (cuyo discurso se asume como una crítica burlona hacia el sistema capitalista).
En este contexto de artistas que hablan sobre temas que no se suelen ver porque se ocultan o están normalizados, es que se desarrollan películas que muestran otras realidades muy crudas y difíciles. Tal es el caso de la película brasileña Ciudad de Dios, dirigida por Kátia Kund y Fernando Meirelles. Aunque esta película fue creada en el año 2002, no deja de ser actual ni de reflejar algo: la forma en que viven los sectores marginados de las ciudades. La película se desarrolla en la Ciudad de Dios, que es el nombre que tiene una de las favelas de Rio de Janeiro. Cabe aclarar que las favelas son comunidades marginadas que están dentro de las grandes ciudades brasileñas, se caracterizan por ser lugares donde vive la población con bajos recursos económicos, en situaciones muy precarias y cuyas construcciones están hechas con materiales de muy bajos recursos, en algunos lugares todavía ocurre que sus calles no estén pavimentadas Me atrevo a compararlas con los asentamientos o barrios que hay en las orillas de la CDMX, cuyo grado de inseguridad o de marginación social es tan fuerte, que ni siquiera pasa la policía.
En dicho contexto suele vivir gente con muchas carencias y que tiene muy pocas posibilidades para subsistir. Son personas que no suelen tener acceso a una educación o que, si la tienen, se ven obligados a dejarla (a veces por la propia familia) porque necesitan conseguir recursos para subsistir. Tampoco les es fácil adquirir un trabajo bien remunerado, por lo que suelen conseguir empleos temporales o donde son fuertemente explotados. Por otro lado, son blanco fácil de abusos por parte de otros sectores de la población, pues el a causa del mismo miedo que les tiene la sociedad, se les discrimina y se les margina negándoles cualquier posibilidad de apoyo o consideración. Ante esta forma de vida, no es raro que se desarrolle un contexto social de violencia tanto por las situaciones tan duras de vida que tienen, como por un deseo de tener algo mejor. De ahí que la delincuencia recaiga principalmente en los niños que, en su afán de ser hombres fuertes e independientes, sean muy proclives a formar pandillas y a tomar como modelos a seguir a gente que ven más poderosos, aunque su poder radique en la violencia ya sea asaltando, golpeando o matando gente.
La película está basada en un libro del mismo nombre “Cidade de Deus”, escrito por Paulo Lins, donde afirma que está basada en hechos reales y habla de dos historias entrelazadas. Por un lado, cuenta la historia de “Daviño”, un niño que desde muy pequeño está decidido a ser la persona más poderosa dentro de la favela. Aunque fue iniciado por su hermano, llamado Cabellera, un adolescente que forma parte del Trio Ternura (que son un grupo de amigos que se dedican al asalto), Daviño da muestras muy tempranas de tener talento para el crimen y él, junto con su amigo Bené hacen una carrera exitosa dentro del crimen, iniciando con asaltos y, al cumplir 18 años, deciden ingresar al negocio de las drogas y se apoderan de todo el territorio del narco. La película hace mucho énfasis en cómo Daviño se transforma en el poderoso Ze Pequeño, quien era respetado y temido por sus mismos colegas, ya que era una persona de carácter difícil, a la cual, cualquier mínima contrariedad lo motivaba a matar sin consideración. Por otro lado, Bené no solo era respetado, sino también era el más querido de la favela ya que, a pesar de tener poder, poseía un gran carisma y siempre buscaba negociar, ser amable y mitigar a su amigo para que no actuara tan impulsivamente.
Por otro lado, tenemos a Buscapé, otro niño de la favela cuyo hermano mayor, Marreco, también formaba parte del Trio Ternura. Sin embargo, Buscapé toma decisiones muy diferentes a Daviño. Él quiere tener un trabajo y dedicarse a algo donde no exponga su vida, pero que tampoco le haga mantener una vida de carencias. Incluso su hermano le hace prometer que no se dedicará al crimen, ya que Buscapé si tiene cualidades para estudiar, cosa que para Marreco es muy difícil por lo que considera que sólo le queda dedicarse a la delincuencia. Conforme avanza la película vemos cómo acaba cada uno de los miembros del Trío Ternura, y cómo esto influye y reafirma la decisión se Buscapé de no inmiscuirse en el mundo del crimen, a pesar de estar tentado muchas veces a caer en ello. Buscapé decide estudiar, ya que quiere convertirse en fotógrafo, por lo que opta por ser un “chico bueno”. Sin embargo, todo le sale mal. Primero se mente a trabajar a un supermercado con la esperanza de que, cuando lo corran, pueda comprarse una cámara profesional con el dinero que le den por la indemnización; sin embargo, unos niños de su favela se meten a robar y son atrapados. El dueño se da cuenta que Buscapé conoce a estos niños, por lo que lo acusa de complicidad y con eso pierde la posibilidad de ser indemnizado. Por otro lado, se enamora de una compañera de su escuela y todo parece indicar que le hará caso, hasta que Buscapé la invita a una fiesta y ahí ella conoce a Bené (si, el chico malo y carismático) y decide iniciar una relación con él. Enojado con esa situación y viendo que “ser bueno” no le funciona, decide meterse en el mundo del crimen ya que “a los malos les va mejor” y opta por meterse de asaltante; sin embargo, en los tres intentos ocurren cosas que lo hacen desistir. De ahí que decide que quiere salir de la favela y se mete a realizar unas prácticas en un periódico, con el objetivo de conseguir un trabajo.
En sí, pareciera que Buscapé hace su autobiografía y compara su vida con la de Zé Pequeño (o Daviño), pues todas las situaciones se narran a partir de su propia visión. A lo largo de la película expresa claramente el papel que cada uno tuvo como habitante de la favela y denota el orden y las jerarquías sociales que había dentro de ella. Tanto si se quería pertenecer al crimen, como si no, se debía seguir un código de honor y protección hacia los habitantes, de ahí que Zé Pequeño era muy respetado, pues proporcionaba seguridad y prohibía cualquier tipo de delito dentro de la Ciudad de Dios; mientras que a Buscapé se le respetaba por no pertenecer al crimen.
No puedo decir que la película tenga un final feliz o triste, sino que más bien refleja cómo el individuo se ve condicionado y hasta forzado por la sociedad en la que se desenvuelve y por las oportunidades que se le vayan presentando (sean positivas o negativas). Ciertamente las decisiones individuales influyen en los resultados, sin embargo, muchas veces es necesario adaptarse al entorno por la propia supervivencia y eso no es algo fácil de sobrellevar por lo que no debe ser juzgado.
Por último, vale la pena mencionar que la película fue muy aceptada y aplaudida por los críticos. Entre sus triunfos hay 4 nominaciones a los premios Oscar y ha seguido ganado premios incluso hasta el año 2011, donde la revista británica de cine Empire la consideró en el número cinco en la categoría de “Las mejores películas del cine mundial”.