Impresiones del álbum Minimalism for the Mind
El minimalismo es un concepto donde se busca reducir algo a lo esencial, de manera que se eliminen los elementos sobrantes. Su filosofía se representa con la frase “menos es más”, atribuida al arquitecto alemán Lewis Mies van der Rohe. Dicho concepto es muy popular hoy en día, se usa en arte, en decoración, en la industria de la moda y un sinfín de escenarios.
El minimalismo ha tenido una fuerte repercusión en la música. Su origen data de fines de los años 60 en Estados Unidos de América y se le considera como uno de los movimientos de vanguardia musical más populares del siglo XX. Podría decirse que busca la sencillez sonora. De ahí que varios críticos musicales consideran que fue una respuesta que se contraponía a la excesiva complejidad musical y erudita de obras de compositores como Pierre Boulez, Stockhausen y otros más.
Su estructura musical consiste básicamente en la repetición constante de un tema musical, con cambios evolutivos que en algunos casos pueden parecer imperceptibles o casi monótonos. La mayoría de las obras musicales “clásicas” suelen conformarse de una introducción, el desarrollo de un tema, el clímax y el desenlace. Sin embargo, en el caso de la música minimalista el desarrollo del tema se prolonga continuamente, de manera que parece ser una reproducción hipnótica y que, a la vez, aparenta ser estática; pero cuyas evoluciones sutiles provocan el sentimiento de que algo ocurre, aunque no se entienda plenamente.
Aunque para algunos críticos puede parecer un género musical frío, monótono y hasta aburrido, en lo particular no lo considero así. Hay obras que realmente permiten que uno pueda proyectar sus emociones y sentir alguna identificación emocional con ellas. A menudo me ha ocurrido que hay piezas que aparentan ser tranquilas y resulta que en su evolución terminan teniendo una intensidad inesperada (no quiero dar nombres de obras para no influir en el lector, pues considero que la apreciación de este tipo de música es muy subjetiva).
Por mi parte, la música minimalista es un género que a mí me gusta mucho. No hay semana en que no escuche alguna obra de compositores como Michael Neyman, Steve Reich, Yann Tiersen, Arvo Pärt o, mi favorito, Phillip Glass. Mi primer acercamiento a una obra minimalista fue a la edad de 15 años, cuando Cano, un amigo de mi papá (que también es melómano), me presentó una ópera compuesta por Phillip Glass, llamada Akhnathn. Desde que escuché esa obra, empecé a interesarme mucho por el género. Sin embargo, en mi casa estaba prohibido usar internet mientras yo fuese menor de edad (por las posibles malas influencias que pudiese tener del exterior); por otro lado, ese género no era muy conocido entre las personas con las que convivía, así que mis investigaciones fueron limitadas a las poquísimas veces que llegaba a convivir con Cano.
Poco a poco fui encontrando obras nuevas a lo largo de mi vida. Sin embargo, fue hasta hace pocos años que decidí enfocarme en escuchar más música minimalista, pues mi conocimiento se limitaba a Phillip Glass y Michael Neyman. Así fue como encontré todo un universo de compositores y obras bastante variadas, y no he dejado esa costumbre por ningún motivo. Es por ello que siempre estoy a la búsqueda de alguna obra nueva o desconocida para mí y, la mayoría de las veces, he encontrado cosas sumamente gratas, que puedo escuchar una y otra y muchas veces más.
En una de mis acostumbradas excursiones por la web en las que intento encontrar algún tesoro musical, encontré un nuevo álbum llamado Minimalism for the mind, cuyos compositores son Phillip Glass, Michael Neyman y Steve Reich. Vi que es muy nuevo, ya que apenas fue lanzado en junio del 2020, por lo que lo abrí en Spotify y comencé a escucharlo. La primera obra fue una pieza de piano llamada Carrington: Fly Drive interpretada por Valentina Lisitsa, consideré que era una introducción ya que tiene una duración de 51 segundos. Posteriormente hay una obra vocal llamada “Prospero’s Book” que aparece en la película de Peter Greenaway que lleva el mismo nombre (y que está basada en la obra La Tempestad, de William Shakespeare).
En general todas las melodías las sentía continuas y agradables, hasta que llegué al track 6 titulado Cello Counterpoint: 2.slow, me pareció algo extraña por su manera tan abrupta de cortarse, sin embargo lo dejé pasar. Más adelante hubo obras con las que ocurrió lo mismo. Intrigada por eso, ya que pensé que la conexión de Internet tenía fallas, decidí revisar la plataforma de Spotify con más detenimiento. Mi primera impresión fue que no había abierto un álbum, sino una playlist de compositores minimalistas que posiblemente había sido curada por Glass, sin embargo, no es así. En realidad, Minimalism for the mind es un álbum de poco más de 16 horas de duración, con fragmentos (y en algunos casos obras completas) de 256 piezas musicales de obras de Glass, Neyman y Reich. Al parecer las obras no fueron compuestas específicamente para este álbum, pues muchas de sus piezas ya han salido en otras películas y discos. Por cierto, cabe señalar que algunos compositores minimalistas suelen hacer mucha obra musical para películas y una gran diversidad de obras visuales, como Neyman que compuso la música de la película El Piano, o Phillip Glass con El Show de Truman o Drácula (donde sale el actor Béla Lugosi).
El álbum, tal como el minimalismo lo manifiesta, tiene una constante evolución en el orden de sus piezas, pues están ordenadas de manera creciente conforme a la duración de la obra. Es decir, inicia con una pieza de 51 segundos (como ya lo había mencionado), luego continúa con aquellas que rebasan el minuto y se van ordenando consecutivamente hacia los 2, 3, 4, 5,6 hasta llegar a piezas que duran 7 minutos. Me atrevo a pensar que la estructura del álbum está pensada para inducirnos poco a poco, de la distracción constante, a una manera más calmada y prolongada de concentración. Quizás de ahí viene el título que más bien parece creado para un disco de música para estudiar (minimalismo para la mente): Minimalim for the Mind