Observando el Autocaos
Qué increíble es poder observar que nuestra forma de ser se refleja en todas nuestras acciones, por mínimas que éstas sean. ¡Hoy fui testigo fehaciente de ello!
Desde hace algún tiempo he tenido un propósito en mente: terminar todo lo que he iniciado. Pues cada “proyecto” sin terminar (entendiendo esto como cada actividad que he iniciado con el fin de desarrollarme en ella), se convierte en un pendiente y, esto a su vez, va evolucionando hasta convertirse en una carga muy pesada. Si hago un recuento, puedo afirmar que tengo demasiados pendientes que quiero y necesito concretar, por lo que no es opción deshacerme de ellos así sin más ya que, si no quisiera terminarlos, vendría un complejo de culpa muy fuerte, pues no son tan pequeños como para caer en la categoría de ocurrencias momentáneas o probaditas.
Por ejemplo, entre mis pendientes más importantes están el titularme de una carrera y terminar otra, profundizar y certificarme de algunos idiomas que he estado aprendiento, el avanzar en el piano, la guitarra y la flauta a los que les he dedicado mucho tiempo. Estos son pendientes relativamente sencillos, ya que son muy concretos y su ejecución no conlleva a otros logros, al menos de momento. Pero hay otros que están sirven como base para otras necesidades, como es el “bajar de peso”, ya que esto me aporta muchos beneficios como son que mejore mi salud, que sanen mis rodillas, que pueda certificarme en estilos de baile (ya que es algo que disfruto mucho), y poder sacar mi sesión de fotos que ya está comprometida con un amigo fotógrafo…
Como ya dije, es un ejemplo, pero la realidad me muevo en un eterno bucle de pendientes en el que diario trabajo, pero no avanzo, al contrario, se nota más mi estancamiento. ¿Cuál es la razón de esto? Es muy sencillo: me falta orden.
Y bien, ya pude notar parte del problema y lo hice de la siguiente manera. Resulta que necesitaba un cuaderno para hacer algunos apuntes y, aunque tengo como cien en mi estantería (quizás exagero, pero si son muchos), ¡NO PODÍA OCUPAR NINGUNO! Todos, absolutamente todos están ocupados y cada uno tiene un propósito definido para el que ha de usarse. De ahí que algunos están a medias y otros sólo tienen algunas hojas escritas, pero no hubo ninguno libre. Con esto veo un problema, pues ocupan mucho espacio y todo parece indicar que van a estar ahí hasta que los termine, invadiendo una parte de la sala de mi mamá, ya que no me gusta tener muchos libros ni cuadernos en mi recámara, pues al percibirlos como pendientes, me generan ansiedad.
Podría decirse que lo más sencillo es reciclar alguno de los cuadernos, y justamente eso es lo que decidí hacer. Empecé a revisar aquellos cuadernos de los que he usado pocas hojas y, fue muy complicado. Cada vez que abría un cuaderno para ver qué contenía, me acordaba de todo lo que me faltaba por terminar; de las actividades incompletas y de los obstáculos que me habían frenado en su momento para terminarlas. Al final todo resultó ser un tormento.
Finalmente, pude decidirme por un cuaderno, pero acabé agotada mental y emocionalmente por todo lo visto. Eso no es nada redituable y sólo fue un desperdicio de energía. Afortunadamente, me di cuenta del patrón y obtuve una enseñanza (algo tenía que ganar por lo menos, ¿no?); de aquí lo que pude aprender es:
- Que tengo que establecer un orden de prioridades respecto a mis proyectos o, de lo contrario, seguiré siendo un títere de mis intereses.
- Que debo de estructurar un plan de trabajo, apegarme a él y disciplinarme. A fin de lograr mis metas.
- Que, si quiero tener nuevas vivencias, primero debo tomar acción con las que tengo o se volverán una carga más y más pesada, que me impedirán avanzar hacia nuevos logros e, inclusive, vivencias. Bien dicen que hay que vaciar un recipiente para llenarlo de nuevo. No que en mi caso en lugar de ser recipiente me sentí como un globo que se ha estado llenando hasta reventar.
No tengo mucha idea de qué hacer pero no me queda más que trabajar. Así que foco y fondo.